5. Ideas afines a la de argumento
Cuando una afirmación carece de sostén, esto es, de premisas, no estamos ante un argumento. Puede expresar una opinión.
La raza aria es superior a todas. A. Hitler.
¿Por qué es superior? No existe argumento si una opinión o una posición no se defiende con, al menos, una razón, una prueba o alguna afirmación que intente justificarla. Todo argumento, por definición, está dirigido al objetivo de demostrar la verdad (conveniencia) o falsedad de una afirmación particular, mediante pruebas convincentes. En otras palabras: un argumento es una opinión razonada. Cuando no se aportan razones es imposible resolver nada sobre la verdad o falsedad de la proposición que se escucha. Por eso no la refutaremos como falsa (salvo que podamos probarlo) sino como carente de fundamento.
¿En qué se distingue un argumento de un razonamiento? Con frecuencia aparecen como sinónimos, pero no todos los razonamientos son argumentos. Se diferencian por su ámbito de influencia. Razonamos para nosotros mismos; argumentamos para los demás. Razonamos antes de argumentar y nuestro argumento trata de expresar lo mejor del razonamiento. Un argumento, pues, es la manifestación externa de un razonamiento, su proyección social, una herramienta de persuasión que sale a la calle. Argumentamos para que nuestra opinión pueda ser compartida. Tratamos de justificar nuestras conclusiones en términos comprensibles y persuasivos para los demás. De un razonamiento a un argumento media la misma distancia que va de un pensamiento a su expresión oral. Aunque con frecuencia los empleamos como sinónimos, son cosas distintas.
¿En qué se distingue un argumento de una explicación? Aparentemente en nada. Ambos responden a porqués, y ambos aportan razones que prueban o explican una proposición. A veces una explicación sirve de argumento y viceversa. Como veremos enseguida, muchos argumentos operan como la mejor explicación disponible. ¿Cuál es la diferencia? En el mejor de los casos, sólo se diferencian por su finalidad. El objetivo de un argumento es probar una conclusión discutible, mientras que la explicación presupone que no existe discrepancia. Veamos un ejemplo de cada cosa:
-¿En qué se basa para afirmar que su padre escogió la carretera?
-Él sabía que la autopista estaba saturada.
-¿Cómo es que su padre escogió la carretera?
-Porque sabía que la autopista estaba saturada.
Este segundo ejemplo no es un argumento porque las razones no se traen para sostener una conclusión que nadie discute, sino para explicarla. Al argumento lo caracteriza el afán de sostener una afirmación no compartida, abierta a discusión o duda. En muchos casos, no es posible distinguir ambos conceptos, porque al tiempo que se prueba, se explica:
Nos hundiremos en 10 minutos porque se ha abierto una vía de agua en el casco de la embarcación.
Todos los argumentos que llamamos plausibles no son sino explicaciones convincentes.
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